(I) El poder y el control de la ignorancia

  • 2 octubre, 2018
  • Por Santiago Castelo

Empezamos la relatoria del ciclo “Democracias bajo control” organizado por la Fundación Ernest Lluch y la Obra Social “la Caixa” con un diálogo entre Marina Garcés y Ángel Gabilondo.

Marina Garcés y Ángel Gabilondo abriendo el ciclo "Democracias bajo control"
Marina Garcés y Ángel Gabilondo durante el debate en el Palau Macaya de Barcelona. Fuente: Fundació Ernest Lluch

El jueves pasado comenzó Democracias bajo control, un ciclo de conferencias organizado por la Fundación Ernest Lluch y la Obra Social “la Caixa”. El primer diálogo —la dinámica no incluye un mediador, sino únicamente dos ponentes sobre el escenario— estuvo protagonizado por Ángel Gabilondo, catedrático de metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid y exministro de Educación (2009-2011), y Marina Garcés, también filósofa, profesora de la Universitat Oberta de Catalunya. Hemos intentado hacer un resumen de este primer diálogo, que se tituló «El poder y el control de la ignorancia», en 5 claves.

1. ¿UNIVERSALIZACIÓN O DEMOCRATIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO?

«¿Cómo toda esa batalla por la democratización del saber no está conduciendo a sociedades más democráticas?», preguntó Garcés en su primer turno. Según ella, todos los esfuerzos por garantizar el derecho a la educación y el acceso libre al conocimiento —peleas que, en su momento, se pensaron como «prácticas de emancipación»— no han contribuido lo suficiente a la creación de sociedades más libres, justas e igualitarias. Esta idea, también presente en su libro Nueva ilustración radical (2017), exige que repensemos el tipo de saberes que se necesitan para construir mejores sociedades.

Gabilondo, a continuación, introdujo una importante distinción: «no es lo mismo universalización que democratización, estoy seguro de lo primero, no tanto de lo segundo». Vivimos en tiempos en los que hay un exceso de información, pero eso no se traduce, necesariamente, en más sabiduría. Por ello, nos invita a preguntarnos qué se está presentando como conocimiento.

2. LA SOCIEDAD DE LA APARIENCIA

Mientras muchos hablan (y hablamos) de sociedad del conocimiento, Gabilondo propone hablar de sociedad de la apariencia. La cultura de la imagen y la apariencia está fomentando y premiando la ostentación de conocimiento y no el conocimiento per se; del serlo y parecerlo que pregonaban los romanos a simplemente parecerlo. En ese sentido, Garcés defiende la franqueza como virtud: «decir la verdad, que no es tener la verdad, ni pretender la verdad, ni aspirar a la verdad». La franqueza como hábito, como virtud aristotélica, implica que la verdad es el término medio entre el desconocimiento —asumido y aceptado— y la mentira.

3. LA DOCTA IGNORANCIA

Nicolás de Cusa, en su obra más conocida, De docta ignorantia, trató los límites del intelecto humano y puso en valor la ignorancia como virtud y método para el conocimiento, una reversión del «sólo sé que no sé nada» socrático. Garcés citó al filósofo alemán y sentenció, en sus palabras: «Nuestra condición es el no-saber». De igual manera, en el discurso que dio en la inauguración del curso académico de la Universidad Politécnica de Cataluña, sostuvo que la Universidad «no es la casa que colecciona saberes, sino la casa del no-saber». Para conocer y acercarnos a la verdad, tenemos que asumir una posición humilde y estar dispuestos a desaprender. «Cuanto más sabe uno, más curiosidad», aportó Gabilondo. La curiosidad es el gran motor de nuestro conocimiento, lo que estimula nuestro deseo por aprender. Una idea que también es tratada por Alberto Manguel en su libro Una historia natural de la curiosidad.

4. LA PALABRA Y EL SILENCIO

Según Gabilondo, estamos en la «era de la pospalabra», algo diferente a la popular posverdad. Tenemos voz, pero hemos perdido aquello que nos distingue de los animales: la palabra, con la que, según Aristóteles, podemos expresar «lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto». La palabra es relación y conversación y, para ello, aporta Garcés, la capacidad de escucha es indispensable. «Los que conversan se escuchan, no sólo se ceden la palabra», como en un debate. Tenemos, entonces, que escucharnos más para pensar y aprender. Gabilondo introduce otra importante distinción: silencio no es acallamiento. Mientras el silencio es «constructivo, sonoro, elocuente» —y hasta tiene un valor político— el acallamiento, en cambio, impide que la voz se haga palabra.  

5. LO COMÚN

Gabilondo lanzó, de manera oportuna, la siguiente pregunta: «¿Dónde está lo común en una sociedad que ha privilegiado el individualismo?». Garcés, que es autora de Un mundo común (2013), hace una diferencia entre las comunidades —un término repetido en la sociedad de la información (o de la apariencia)— y lo común. Las primeras responden a intereses particulares y están definidas por sus miembros; lo común, en cambio, no es de nadie, pero es la dimensión en la que todos y todas estamos implicados. Lo común trasciende la política tradicional y, por ello, se producen nuevas manifestaciones y espacios que desbordan y alteran la estructura institucional. Esta razón del común, de la que también hablan Pierre Dardot y Christian Laval, es el principio que está detrás de buena parte de las prácticas de resistencia contra el individualismo y la competencia.

El ciclo continúa este jueves, 4 de octubre, con el diálogo «Inteligencia artificial, robotización y cuarta revolución digital», entre Ramon López de Mántaras, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial, y Lorena Jaume-Palasí, directora ejecutiva en AlgorithmWatch (Berlín) y miembro del Grupo de Sabios sobre Inteligencia Artificial y Big Data del Gobierno de España.

La asistencia a la jornada es gratuita, pero es imprescindible registrarse previamente.

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